No, este no es un escrito religioso o
un debate teológico. Es que entre
algunos amigos y familiares he escuchado decir que el actual presidente de los
Estados Unidos es un ángel enviado del cielo, y a otros, que es un engendro
satánico. No creo que sea el único
personaje en la historia reciente, que haya provocado similares impresiones antagónicas. Si por un momento nos olvidamos de quien
causa tal incongruencia y nos enfocamos en quienes reaccionamos, atacando o
defendiendo, cabe preguntarse: ¿Cómo es posible que estemos inmersos en tal
estado de cosas? ¿Al bueno le llamemos
malo y al malo, bueno?
¿Falta
de educación? ¿Propaganda mediática? ¿Fanatismo?
¿Ausencia de valores o el relativismo atribuido a los mismos? ¿La masificación del ser humano? ¿La persecución de quienes piensan o lo hacen
de manera diferente? ¿Nuestra baja
autoestima colectiva? ¿Todas las
anteriores y las que tú, amigo lector, pudieses aportar?
Lo
cierto es que esto se ha convertido en un berenjenal existencial.
Ciertamente,
la libertad para hacerlo existe, pero: ¿A eso es a lo que aspiramos como
pueblo? ¿Cómo puertorriqueños? ¿Será este el estilo de vida que consideramos
beneficioso y saludable para los nuestros y paranosotros? Por supuesto que no, y no creamos por un
instante, que podemos vivir en una burbuja de valores; de nobleza y amor en la
pecera hogareña y que eso logrará el objetivo esperado. Lo ‘de afuera’ se filtra hasta la intimidad familiar
de distintas maneras: los celulares, los
juegos de video, las películas, la música, el entretenimiento y hasta en la
escuela. ¿Respuestas? La máxima de amar a Dios sobre todas las cosas
y a tu prójimo como a ti mismo, es la brújula, pero requiere de aplicaciones
prácticas. De otro modo se queda en la pura liturgia eclesiástica, en la
aceptación superficial y la religiosidad, especialmente ahora que parece que muchos
han cambiado la iglesia por el partidismo.

Soluciones mágicas no existen, pero un primer paso es reconocer
que lo que vivimos no un destino inevitable. Recuperar los valores, la integridad y la dignidad
es probablemente el acto más revolucionario de nuestro tiempo. La solución no
es una receta, requiere el trabajo personal, consciente y constante, de procurar,
en todos los ámbitos de nuestra vida, lo que nos exalta sobre lo que nos rebaja.
¡Comencemos
ya!
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Publicada en la Sección de Opinión, en El Nuevo Día, bajo el título 'La política como un nuevo culto', el 26 de enero de 2026.