martes, 27 de enero de 2026

¿MESIAS O DEMONIO? LA POLITICA COMO UN NUEVO CULTO.

       No, este no es un escrito religioso o un debate teológico.  Es que entre algunos amigos y familiares he escuchado decir que el actual presidente de los Estados Unidos es un ángel enviado del cielo, y a otros, que es un engendro satánico.  No creo que sea el único personaje en la historia reciente, que haya provocado similares impresiones antagónicas.  Si por un momento nos olvidamos de quien causa tal incongruencia y nos enfocamos en quienes reaccionamos, atacando o defendiendo, cabe preguntarse: ¿Cómo es posible que estemos inmersos en tal estado de cosas? ¿Al bueno le llamemos malo y al malo, bueno?

¿Falta de educación?  ¿Propaganda mediática? ¿Fanatismo? ¿Ausencia de valores o el relativismo atribuido a los mismos?  ¿La masificación del ser humano?  ¿La persecución de quienes piensan o lo hacen de manera diferente?  ¿Nuestra baja autoestima colectiva?  ¿Todas las anteriores y las que tú, amigo lector, pudieses aportar? 

Lo cierto es que esto se ha convertido en un berenjenal existencial.  

    Ciertamente, la libertad para hacerlo existe, pero: ¿A eso es a lo que aspiramos como pueblo?  ¿Cómo puertorriqueños?  ¿Será este el estilo de vida que consideramos beneficioso y saludable para los nuestros y para
nosotros?  Por supuesto que no, y no creamos por un instante, que podemos vivir en una burbuja de valores; de nobleza y amor en la pecera hogareña y que eso logrará el objetivo esperado.  Lo ‘de afuera’ se filtra hasta la intimidad familiar de distintas maneras:  los celulares, los juegos de video, las películas, la música, el entretenimiento y hasta en la escuela.   
    ¿Respuestas?  La máxima de amar a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo, es la brújula, pero requiere de aplicaciones prácticas. De otro modo se queda en la pura liturgia eclesiástica, en la aceptación superficial y la religiosidad, especialmente ahora que parece que muchos han cambiado la iglesia por el partidismo.

      Soluciones mágicas no existen, pero un primer paso es reconocer que lo que vivimos no un destino inevitable. Recuperar los valores, la integridad y la dignidad es probablemente el acto más revolucionario de nuestro tiempo.  La solución no es una receta, requiere el trabajo personal, consciente y constante, de procurar, en todos los ámbitos de nuestra vida, lo que nos exalta sobre lo que nos rebaja.

¡Comencemos ya!

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Publicada en la Sección de Opinión, en El Nuevo Día, bajo el título 'La política como un nuevo culto',  el 26 de enero de 2026.