martes, 31 de marzo de 2026

TRAICIONANDO EL JURAMENTO: CUANDO EL PODER EMANA DEL DINERO Y NO DEL PUEBLO

     El estilo de convivencia democrática es un contrato socio político y no un accidente.  La Constitución de Puerto Rico es clara: el poder político emana del pueblo y se ejerce para cumplir con su voluntad.  No procede de junta de directores, de oficinas de consultores, o de los intereses de negocios millonarios. Cuando un gobernante coloca su mano sobre la Biblia, jura defender la constitución y las leyes "contra todo enemigo interior o exterior", y asegura que lo hace "sin reserva mental ni propósito de evadirla", no está protagonizando un ritual costumbrista y emotivo; una actuación para las gradas.  Se está comprometiendo, a tener como prioridad absoluta, el bienestar de los ciudadanos.

En el entorno puertorriqueño operan organizaciones como Politank, bajo cuya fachada de legalidad y pericia técnica se vende lo

que no debería tener precio ni cabida: sus relaciones con el gobierno. El modelo de negocio es sencillo: cobrar cifras astronómicas a corporaciones para asegurar que los políticos y las agencias gubernamentales respondan a sus intereses particulares. Mientras la entidad se lucra favoreciendo a sus clientes, al funcionario público se le sitúa en una encrucijada ética insostenible. En el momento en que un servidor favorece el reclamo corporativo sobre el bienestar colectivo, el juramento de 'desempeñar bien y fielmente los deberes del cargo' se convierte en letra muerta.

El abandono del deber no es sólo una falta de ética; es un crimen tipificado.  El Código Penal de Puerto Rico establece en su Artículo 262, que el funcionario que voluntariamente omita o retarde un acto de su cargo para favorecer intereses ajenos incurre en incumplimiento del deber, y si ese favoritismo resulta en la pérdida de fondos públicos o daños al Estado, el Artículo 263 le impone penas de reclusión y restitución.  Incluso, el acto mismo de jurar servirle al pueblo, a sabiendas de que se va a favorecer  a un cliente especial, pudiese constituir perjurio, pues se hace con una "reserva mental" que la ley prohíbe.

No perdamos de perspectiva que el funcionario no actúa solo.  Quien promueve, induce o facilita que un servidor público traicione su mandato también es responsable ante la justicia.  El Código Penal tipifica la incitación a delinquir (Art. 260) y castiga a quien provoca

a otro a violar la ley, mientras que la conspiración (Art. 244) sanciona el acuerdo previo para que el funcionario falle en su deber.  Si en el proceso de "gestión de influencias" se ofrecen ventajas o presiones indebidas, entramos en los terrenos del soborno (Art. 259) y la influencia indebida (Art. 261).  La ley no sólo castiga al que firma el contrato favorecido, sino a la organización que aceitó la maquinaria para que eso ocurriese.

    Someto ante tu consideración, amigo lector, las siguientes interrogantes: ¿Cómo es posible que se use el Registro de Corporaciones del Departamento de Estado de Puerto Rico para darle vida jurídica a entidades cuyo fin es, precisamente, instigar a la desviación del deber público? ¿Cómo es que, en lugar de procesar a quienes compran y venden influencias, el aparato gubernamental se presta para acceder a sus persuasiones, incorporar a tales ‘cabilderos’ al propio gobierno, y peor aún, a encubrirlos?

El Código Penal, en su Artículo 15 define delito como cualquier acto u omisión que viole la ley.   Considero que el incumplimiento del juramento constitucional es el mayor de los delitos ya que la víctima es el pueblo.  El gobierno que responde al mejor postor deja de ser el gobierno del pueblo.  Es hora de recordar, y a la vez recordarle a nuestros gobernantes, que el poder emana de las urnas, no de la factura de un cabildero.  Pero en Puerto Rico las elecciones representan otro problema, porque hasta el buen manejo del sistema electoral se encuentra en entredicho.      

    ¿Hemos perdido el país?  ¿Nos rendimos?  
    ¿Vamos a seguir creyendo y esperanzados en que las próximas elecciones constituyen la oportunidad ciudadana que nos va a permitir resolver este asunto? ¿Cuáles son nuestras verdaderas opciones?  ¿Cuál es el plan para rescatar al país?                       
     Finalmente, y no menos importante; ¿qué valor moral tiene quién jura ante Dios en vano?  Porque jurar sobre la Biblia para luego servir a intereses privados, no solamente constituye un delito; es una profanación del contrato sagrado con nosotros.  Habiendo roto el juramento, la legitimidad se esfuma y el poder debe regresar, por derecho y por ley, a sus verdaderos y únicos dueños; el Pueblo de Puerto Rico.

martes, 10 de febrero de 2026

QUISIERA QUE LOS AGUACATES MADURASEN ANTES

      Ya pasé de las ocho décadas y en siete de ellas he sembrado, cultivado y cosechado.  En dos, he enseñado. Tanto en la agricultura como en la educación, he aprendido que la vida se trata de procesos.  La semilla no se deposita en la tierra hoy para recoger el fruto mañana.  El que suceda requiere tiempo, pero más que nada, de una generosa dosis de: fe, esperanza, paciencia, cuido y disciplina.

Al final del camino, recibimos la satisfacción de recoger el fruto y disfrutarlo.  De la tierra, a la planta y de ella, cuando la consumimos, a ser parte de nuestro cuerpo.  Sin embargo, no todas las siembras responden al mismo ritmo. 

    Hay cultivos, como la lechuga, que completan su ciclo en apenas tres meses; mientras que otros, como la china, demandan tres años para ofrecer su primera cosecha, y lo puede seguir haciendo hasta treinta o más años después. 

Algo muy similar ocurre cuando educamos.  En la formación de una mente, se siembra y son necesarias las mismas disposiciones y consideraciones para alcanzar resultados idénticos: la transformación en la manera de pensar de un ser.

Siento que también he sembrado en mi país.  Comencé escribiendo y publicando desde la escuela superior y no he dejado de hacerlo.  A través de una diversidad de temas, he intentado exaltar esos valores que deberíamos cultivar para que, entre todos, logremos ese Puerto Rico al cual todos aspiramos.  Donde he visto abusos e injusticias, las he señalado, recabando la necesidad de que todos seamos parte de las soluciones.

    Confieso que, en esta etapa de mi vida, quisiera ver los mismos resultados que he visto como agricultor y educador… y es probable que ya estén ahí, madurando en silencio.  O tal vez deba ser más paciente y comprender que nuestro proceso de pueblo es más lento; que los frutos se dan en múltiples dimensiones y no todos al unísono.  

    ¡Ojalá se trate de eso!  Porque, en el fondo, muchos somos los puertorriqueños que quisiéramos que los aguacates madurasen antes.
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Publicada en ENDI, Opinión, 14 de febrero 2026.

martes, 27 de enero de 2026

¿MESIAS O DEMONIO? LA POLITICA COMO UN NUEVO CULTO.

     No, este no es un escrito religioso o un debate teológico.   Es que entre amigos y familiares he escuchado decir que el actual presidente de los Estados Unidos es un ángel enviado del cielo, y a otros, que es un engendro satánico.  No creo que sea el único personaje en la historia reciente, que haya provocado similares impresiones antagónicas.  Si por un momento nos olvidamos de quien causa tal incongruencia y nos enfocamos en quienes reaccionamos, atacando o defendiendo, cabe preguntarse: ¿Cómo es posible que estemos inmersos en tal estado de cosas? ¿Al bueno le llamemos malo y al malo, bueno?

¿Falta de educación?  ¿Propaganda mediática? ¿Fanatismo? ¿Ausencia de valores o el relativismo atribuido a los mismos?  ¿La masificación del ser humano?  ¿La persecución de quienes piensan o lo hacen de manera diferente?  ¿Nuestra baja autoestima colectiva?  ¿Todas las anteriores y las que tú, amigo lector, pudieses aportar? 

Lo cierto es que esto se ha convertido en un berenjenal existencial.  

    Ciertamente, la libertad para hacerlo existe, pero: ¿A eso es a lo que aspiramos como pueblo?  ¿Cómo puertorriqueños?  ¿Será este el estilo de vida que consideramos beneficioso y saludable para los nuestros y para
nosotros?  Por supuesto que no, y no creamos por un instante, que podemos vivir en una burbuja de valores; de nobleza y amor en la pecera hogareña y que eso logrará el objetivo esperado.  Lo ‘de afuera’ se filtra hasta la intimidad familiar de distintas maneras:  los celulares, los juegos de video, las películas, la música, el entretenimiento y hasta en la escuela.   
    ¿Respuestas?  La máxima de amar a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo, es la brújula, pero requiere de aplicaciones prácticas. De otro modo se queda en la pura liturgia eclesiástica, en la aceptación superficial y la religiosidad, especialmente ahora que parece que muchos han cambiado la iglesia por el partidismo.

      Soluciones mágicas no existen, pero un primer paso es reconocer que lo que vivimos no un destino inevitable. Recuperar los valores, la integridad y la dignidad es probablemente el acto más revolucionario de nuestro tiempo.  La solución no es una receta, requiere el trabajo personal, consciente y constante, de procurar, en todos los ámbitos de nuestra vida, lo que nos exalta sobre lo que nos rebaja.

¡Comencemos ya!

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Publicada en la Sección de Opinión, en El Nuevo Día, bajo el título 'La política como un nuevo culto',  el 26 de enero de 2026.