Dedicado al amigo Antonio Álvarez Rivera; quien dice andar por ahí arrastrando el esqueleto y digo yo: regando semillas de exquisitez literaria por estas tierras mostrencas. [Y no me pregunte lo que eso significa, porque tan sólo lo menciono por lo bien que suena].
Me indicó Don Carlos Ramírez Orabona, el agrimensor, que allá para el treintaidós, cuando en el sector Rábanos vio por primera vez a Santa Clós, dijo: "bah, ahora se chavaron los Reyes Magos". Peyo Mercé, el de Don Abelardo, allá en la Cuchilla, lo expresó de otro modo: "Yo como soy jíbaro y de aquí no he salido, eso de los Reyes lo llevo en el alma."
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Ello
coincide con una época en que algunos muchachos adjunteños, para estar en algo,
se pintan el pelo, usan pantallas y se sacan las cejas. Cuando uno visita esos enormes centros
comerciales y observa con detenimiento a las personas, surgen tres o cuatro
variedades de varones y dos de hembras; ello sin considerar aquellos que ocupan
espacios intermedios entre uno y otro sexo.
Este parece el retrato de una degeneración contagiante que resulta de
millares de hijos divorciados que han sido criados por sus madres y que la
ausencia de autoridad y modelaje paterno les conduce a la rebeldía y a ídolos
de allende los mares. Esos espacios
estelares lo comparten especímenes como Michael Jackson, Bob Marley y Dennis
Rodmann. Todo esto, visto por el Barrio
Yahuecas, es incomprensible y origina una incomodidad frente a invasores
revestidos de armas poco convencionales.
Yo
no me opongo al progreso y mucho menos a las inversiones que se hacen en
Adjuntas. Soy un nómada asentado en estas montañas desde hace casi veinticinco
años y me he identificado con estos lares.
La velocidad de los eventos se mide acá de otro modo. En la altura los tiempos lo establecen las
chinas y el café; las cosechas y la saca
del pitirre y de la paloma turca; la florecida de los tulipanes, los brucayos y
el roble. Allá en la llanura
sobrepoblada se vive de prisa; el reloj y el dinero lo determinan casi todo;
por eso los tapones son enemigos y generan tanta tensión. La razón de ser de los 'fas fús', o sea, los
negocios de comida rápida es todo un estilo de vida y de una idiosincrasia.
Belguel-quín llegó a Adjuntas pero pocos saben
quien es su concesionario. El trato
familiar que uno encuentra en El Star Light de Guigui, en El Toronjo II de los
Del Valle o el saguán de Norberto, no puede compararse con esa 'jibarita'
representante de una nueva generación adjunteña que fue entrevistada,
cualificada y adiestrada para trabajar en el mostrador o en la ventanilla de
aquella empresa y a quien se le instruyó que sonriese al atender a los
clientes.
El
mundo y Adjuntas parecen estar cambiando muy de prisa para un abuelo prematuro
como yo. Añoro la vida campestre, la
sabiduría del jíbaro que se nos pierde tras la fachada de un falso
progreso. Disfruto de la conversación
donde hace su aparición el 'estógamo', la 'balandra'; la menguante de la poda y
de la siembra, el buche de café prieto y los cuentos de antaño, como aquel de
Juan Carambingo que fue resucitado por boca de mi amigo Miro Sepúlveda, el
carnicero.
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